domingo, 11 de marzo de 2018

Buen gobierno

Buen gobierno

La idea de un buen gobierno se origina en la premisa reformadora de eficiencia en la reorganización de la burocracia en muchos países del mundo, particularmente en el Reino Unido y en Estados Unidos a partir de los años ochenta, cuando se impulsó la llamada “agenda de buen gobierno” cuyo objetivo fue eficientar, transparentar y reducir la burocracia[1]. De hecho, surgió cuando permeaba la necesidad de racionalizar-adelgazar las estructuras y mejorar la eficiencia de la administración pública[2]. La idea de que las instituciones gubernamentales necesitan administrarse de manera muy semejante a las organizaciones empresariales.

En ese sentido, es posible inferir que la dicotomía discursiva entre administración pública y privada fue la semilla que dio a luz al paradigma de la organización sustentada en la eficiencia atribuida a la nueva gestión pública, una teoría que junto con la evaluación de políticas públicas y la gobernanza pública se han convertido en doctrinas de la administración pública contemporánea. La conclusión, es que un buen gobierno puede generar tanta productividad, y más aún, que la mejor de las trasnacionales privadas.

Cabe destacar que, al referir una gestión pública en términos de productividad, se concibe aquí como una forma sintética de referir la administración pública en términos de economía, eficiencia, eficacia, efectividad y calidad, condiciones algunas, que incluso son principios constitucionales en muchos países del mundo. Esto es, que, así como en la administración privada se ofrecen productos, bienes y servicios buscando la mayor rentabilidad, no hay razón para que en las políticas, estructuras de organización, programas, proyectos, procesos, funciones y servicios gubernamentales no se privilegie la productividad.

Algo fundamental, es que la dicotomía entre lo público y lo privado de la administración prácticamente es historia si se asume que la gobernanza incluye relaciones entre las organizaciones privadas y las estatales cuando participan en redes mixtas”[3]. El buen gobierno, al asumir la importancia factual de las redes mixtas público-privadas, asume un cambio de gestión en el control gubernamental, ya que la autorregulación social, después de todo, tiene lugar en un cuadro institucional reconocido por el Estado donde, si bien son organizaciones civiles o privadas, al final todos son actores públicos.

Estas organizaciones, partidos, sindicatos, los ejidatarios, comuneros o campesinos, las cooperativas, los institutos de investigación, los líderes religiosos y las organizaciones supranacionales o internacionales que están jugando sin responder a responsabilidades sociales (ONG), deben obligarse, también, a actuar con un sentido ético, abierto y democrático siempre que sus redes, interacciones, utilidades o poder económico, directa o indirectamente, provienen, afectan o implican lo público.

Más aún, no se deben soslayar las sociedades informales de campesinos, comerciantes, migrantes y en general grupos marginados que cada vez crecen más frente a las desigualdades económicas, las guerras internas por el poder y la desestabilización política en muchos países del mundo. Estas organizaciones, aunque informales, por supuesto requieren un trato diferencial, es decir, políticas públicas inclusivas pues tienen su causa en déficits, deudas o asuntos pendientes de gobierno que son estructurales.

Es decir, al contrario de otras organizaciones informales, particularmente de los grupos criminales, mafias o poderosas familias organizadas quienes influyen negativamente en los procesos de gobierno, implican una gestión y gobernanza públicas distintas y renovadas, por ejemplo, mecanismos de registro y credencialización que permitan su monitoreo, orientación y desarrollo como fuerzas participativas y productivas antes que su marginación o represión. Es decir, poner a trabajar las estructuras del gobierno, conjuntamente con las organizaciones formales, para sumar a los grupos informales al desarrollo corresponsablemente.

La administración pública, al englobar un sistema unidireccional de organizaciones coordinadas y orientadas a regular, conducir, implementar y controlar las funciones, políticas y programas estatales, puede hacer mucho para lograr el propósito ético que centraliza la voluntad, regula la conducta y gestiona los recursos para brindar servicios públicos bajo condiciones de “integridad, pero también de productividad” (Funkhouser: 2008).

No es casual que la UN reconozca que “un buen gobierno hoy asegura que la corrupción es mínima durante el proceso de la toma de decisiones; tiene en cuenta a la minoría y sus peticiones, particularmente de los más desfavorecidos; y trabaja para las necesidades presentes y futuras de la sociedad”[4]. Es decir, el que pone las instituciones y las organizaciones públicas al servicio de la sociedad a la que se debe y obedece (Aguilar: 2013).



[1] Véase Transparencia, buen gobierno y combate a la corrupción en la función pública. Coedición del Fondo de Cultura Económica y Secretaría de la Función Pública, México, 2005. P 21-35.
[2] Por ejemplo en Estados Unidos, desde la campaña de J. Carter (1976) se proponía “mejorar la eficiencia, la eficacia y la sensibilidad del gobierno”. Y en el Reino Unido Margaret Tatcher (1979) implementaba esquemas de la administración privada para “racionalizar y eficientar” el Gobierno.
[3] En México el 16 de enero de 2012 se publicó la Ley de Asociaciones Público-Privadas (APP), cuyo objeto es regular los esquemas para el desarrollo de proyectos de asociaciones público-privadas, bajo los principios de los artículos 25 y 134 de la Constitución, aquellos que se realicen para establecer una relación contractual en la prestación de servicios al sector público, que supone aumentar el bienestar social y los niveles de inversión en el País. Actualmente en el seno del Congreso se está gestando una segunda reforma con el objetivo de que las APP tengan una regulación más adecuada, obligaciones claras, sanciones y reembolsos, siempre que reciben financiamiento público, siguiendo la experiencia en Gran Bretaña, Australia y Canadá.
[4] Véase ¿Qué es gobernanza? ¿y buen gobierno? Disponible en  http://www.un.org/es/globalissues/democracy/democracy_and_un.shtml Temas mundiales. 28-10-2015

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