jueves, 16 de mayo de 2019


Gestión e innovación de tecnologías para abatir la corrupción.
Por Jerónimo Salinas[1]

Desde el llamado gobierno de la transición a principios del siglo XXI, pasando por el propio Sistema Nacional Anticorrupción (SNA), hasta la Coordinación de la Estrategia Digital Nacional (CEDN) que se mantiene adscrita a la Oficina de la Presidencia en la llamada cuarta transformación (4T), es reconocido que las tecnologías son herramientas poderosas para mejorar el desempeño de la administración pública en nuestro país. Es así como el espíritu legislativo que dio origen al SNA dispuso la creación de una Plataforma Digital Nacional (PDN-SNA, LGSNA: Título Cuarto) integrada por, al menos, los aplicativos siguientes:


       I.               Sistema de evolución patrimonial, de declaración de intereses y constancia de presentación de declaración fiscal;
      II.              Sistema de los Servidores públicos que intervengan en procedimientos de contrataciones públicas;
    III.              Sistema nacional de Servidores públicos y particulares sancionados;
    IV.              Sistema de información y comunicación del Sistema Nacional y del Sistema Nacional de Fiscalización;
     V.              Sistema de denuncias públicas de faltas administrativas y hechos de corrupción, y
    VI.              Sistema de Información Pública de Contrataciones.

FUENTE: Título Cuarto, artículo 49 de la LEY General del Sistema Nacional Anticorrupción (LGSNA, DOF: 18-07-2016)

Sin duda un importante desafío tecnológico para la Secretaría Ejecutiva del SNA. Sin embargo, no se trata sólo de recopilar o concentrar” un conjunto de sistemas con cierto nivel de operación, ni “crear un sistema electrónico del Sistema Nacional de Fiscalización (SNF) para ampliar la cobertura e impacto de la fiscalización”[2], sino de ir más allá al disponer, también, que “el sistema de información y comunicación del SNA y del SNF será la herramienta digital que permita centralizar la información de todos los órganos integrantes de los mismos, incluidos los órdenes federal, estatal y, eventualmente, municipal” (LGSNA: 54º). Más que la sola integración de sistemas en operación[3], se busca potenciar grandes sumas de información (big data), incluyendo las de los sistemas locales.
Sin embargo, esa no es la única fuente, ni el universo de información o la big data, estructurada o no, que puede ser de gran utilidad en el combate a la corrupción. Debemos incluir, además, la que se procesa por diferentes entes públicos para ese cometido, que no necesariamente están integradas al SNA. Por ejemplo, el valioso bagaje de aplicativos que posee el poder Ejecutivo por conducto del Sistema de Administración Tributaria, la Unidad de Inteligencia Financiera, la Administración General de Aduanas y la propia Secretaría de Hacienda y Crédito Público a través del Consejo Nacional de Armonización Contable. La que procesan los organismos reguladores, procuradores y evaluadores con cierta autonomía constitucional y la que generan los poderes Legislativo y Judicial por conducto de sus propios órganos de vigilancia, control interno y externo.
Al final, más que la cantidad de datos que hoy es posible procesar digitalmente gracias al “almacenamiento en la nube” (Cloud Computing) o al “internet de las cosas” (IoT), lo importante radica en la estandarización de los servidores, dispositivos y aplicativos para su procesamiento y desarrollo (hardware y software), la unidireccionalidad, integridad, integralidad, el análisis estadístico y el qué hacer con ese valioso cúmulo de información  para ayudar a materializar la aspiración superior, sin duda, que hoy acerca a la sociedad con el gobierno: abatir la corrupción y la impunidad en México.
Para poder lograrlo, todos, particularmente los auditores y quienes pretendemos contribuir a ese noble propósito, debemos utilizar y promover las mejores prácticas de gestión e innovación de tecnologías aplicadas, no sólo en el ámbito del sector público, sino en el sector privado, especialmente en el financiero y comercial, donde son notables sus márgenes de utilidad por las inversiones en creación, conexión y transformación de tecnologías. Como el “blockchain”, una infinita “cadena de bloques”, pública o privada, pertenecientes a una red de punto a punto, o P2P (peer-to-peer), en donde los registros están enlazados y cifrados para proteger la integridad y seguridad de “n” transacciones, que no tienen por qué ser necesariamente contables; una tecnología que ya están desarrollado procesos, negocios y organizaciones.
La gestión e innovación de tecnologías en el ejercicio de la fiscalización y control de recursos públicos constituye el área de oportunidad más sólida y estructurada para mejorar y potenciar los procesos de “prevención, detección y sanción de responsabilidades administrativas y hechos de corrupción”, como se concibe:



Se trata de conectar ciertos procesos o funciones entre sí, en un solo flujo de operación con información distribuida y compartida para registrar, gestionar y sincronizar mensajes o datos cifrados en formato estándar como XML o JSON de un eslabón a otro utilizando APIs, un mecanismo útil para lograr un intercambio de información seguro[4].
 Esta aspiración no es un asunto menor, pero tampoco es imposible tratándose del combate a la corrupción y la impunidad, dos desórdenes íntimamente ligados que involucran a la sociedad Estado en todo su conjunto. Es así que la PED-SNA no solo se delega en la Secretaría Ejecutiva del SNA y en el SNF, sino en todos los órganos integrantes de los mismos, “incluidos los órdenes federal, estatal y, eventualmente, municipal” (LGSNA: 54º). Es decir, el espíritu legislativo compromete al SNF para tratar la innovación y buscar en las tecnologías las herramientas de análisis, investigación, acompañamiento consultivo y comprobación que necesita para modernizarse y optimizar, más que fiscalizar, una gobernanza pública que aún se encuentra en proceso de gestación y desarrollo en México.
Más aún cuando, pese al avance evidente e inminente de las tecnologías, muy cerca del bicentenario de nuestro primer constituyente y hacia el cierre del primer cuarto del siglo XXI, es imposible negar que tenemos “un gobierno rico con un pueblo pobre” y una “política económica ineficiente[5]. Cuando en la banca se procesan millones de cuentas individuales al día, carecemos de un sistema de contabilidad gubernamental único y en tiempo real para toda la República en nuestro país. Cuando al amparo de la ley desde hace muchos años pagamos un alto e injustificado costo por sistemas administrativos repetitivos (de nómina, de control de gestión, de almacén, de inventarios, de activos, de servicios…) que, pese a correr bajo un mismo flujo de operación, se contratan individualmente por cientos de entes públicos. Cuando es posible compartir en los tres órdenes y niveles del gobierno una gran cantidad de sistemas de aplicación general. Cuando es un hecho abrir el gobierno en formato de datos abiertos, brindar servicios públicos y tramites digitalizados y accesibles a la población y, al mismo tiempo, garantizar la estabilidad y seguridad de la información (sensible, personal o reservada) y la simplicidad mediante el uso de dispositivos móviles o portátiles. Cuando en el propio gobierno existe el potencial humano y la capacidad para desarrollar, innovar y gestionar tecnologías propias.
Salvo la mal entendida independencia, que se confunde con indiferencia, no hay implicación alguna para comenzar a trabajar e invertir más recursos y esfuerzos en el desarrollo de una verdadera Plataforma Digital Nacional que sin perjuicio de soberanías involucre la conectividad e interoperabilidad del gobierno en todo su conjunto. Por ello, se insiste, en “el Estado administrativo” (Dwight Waldo: 1948) de nuestro tiempo es necesario comprender que mientras la “planeación, dirección y ejecución”, como procesos estratégicos de las organizaciones, deben ser distribuidos y descentralizados en los respectivos ámbitos geopolíticos, los procesos de “información y control” gubernamental deben ser centralizados para garantizar su efectividad. Muchas tecnologías, como herramientas, ya están aquí, el reto reside en la consolidación de los esfuerzos de la CEDN con los de la EDN-SNA para que la 4T cumpla su cometido.





[1] Auditor de Gestión y Doctor en Administración Pública. Vicepresidente de Investigación del Observatorio del Sistema Nacional Anticorrupción y miembro de la Academia Mexicana de Auditoría al Desempeño.
[3] Baste destacar los relativos a CompraNet, Declaranet, el Directorio de Proveedores y Contratistas Sancionados, el Sistema Integral de Quejas y Denuncias Ciudadanas  de la Secretaría de la Función Pública, así como el Sistema Público de Consultas de Auditorías de la www.asf.gob.mx.
[5] Palabras del Presidente  de México en AMLO: No puede haber gobierno rico con pueblo pobre el 1 de diciembre de 2018; y Calificadoras castigan al país por política neoliberal ... el 5 de marzo de 2019.

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