jueves, 24 de diciembre de 2020

DISCURSO CON MOTIVO DEL DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA CORRUPCIÓN 2020-12-09

 

DISCURSO CON MOTIVO DEL DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA CORRUPCIÓN

Hoy, 9 de diciembre, celebramos el Día Internacional contra la Corrupción, una resolución de las Naciones Unidas con la finalidad de aumentar la responsabilidad civil respecto a ese grave desorden social (A/RES/58/4, del 31 de octubre de 2003).

En México, es loable el impulso de la sociedad civil en torno a la creación del Sistema Nacional Anticorrupción. Un valioso esfuerzo de gobernanza pública que, por primera vez, colocó a los ciudadanos al frente de los órganos constitucionales autónomos más importantes del país en materia de transparencia, rendición de cuentas, control interno, fiscalización superior, procuración e impartición de justicia.

Sin embargo, hoy, además de la grave crisis de salud y pobreza, los mexicanos vivimos en medio de escándalos, no sólo de corrupción, sino de impunidad, vergonzosos.

Más allá del enorme costo de la corrupción, que se estima nos cuesta hasta 10% del PIB cada año, lo que más nos lastima es que la mayoría de las veces ese terrible delito no se denuncie y quede sin castigo.

El hecho es que en México, desde las más altas esferas del poder político y económico, hemos sido brutalmente abusados por la corrupción, ya sea pública o privada.

Muchos hemos sido y somos víctimas de una corrupción recurrente solapada por las propias autoridades políticas a las que les hemos dado, sexenio tras sexenio, las llaves del gobierno.

Pero, sin duda, la corrupción que más nos lastima a todos es la que se comete dentro de los sistemas de seguridad pública, de seguridad nacional, de procuración y de impartición de justicia, los órganos garantes en los que confiamos y, suponemos descansa, el valor ético supremo de toda sociedad: el estado de derecho.

Es la desconfianza en esas importantes instituciones lo que ocasiona que solo 1 de cada cuatro delitos sea denunciado, y que del 100% de ellos sólo uno sea castigado. El que sean los pobres, quienes menos tienen, los que sean condenados aprovechándose de su necesidad económica.

Por ello, para que exista un verdadero combate a la corrupción, nosotros insistimos y proponemos:

·        Primero, debemos comenzar por abatir la impunidad, las deficiencias de organización, procedimentales y de control interno que existen al interior de los sistemas de seguridad, procuración e impartición de justicia del país;

·        Segundo, racionalizar los mecanismos de gobernanza institucional en materia de información contable, transparencia, rendición y fiscalización de cuentas gubernamental;

·        Tercero, establecer mecanismos de control jurídico y administrativo para reducir los amplios márgenes de discrecionalidad y evitar la arbitrariedad y al abuso del poder en el ejercicio del gobierno; y

·        Cuarto, fortalecer los mecanismos de supervisión y de prevención de riesgos, de equipamiento tecnológico, cámaras de vigilancia e inteligencia administrativa, sobre los servicios públicos directos a la población.

 

Esa es nuestra propuesta,

La corrupción, la impunidad y la desconfianza en el gobierno están directamente relacionadas con el control del poder de nuestro régimen político.

El monopolio de la ley, más que en el derecho de la autoridad a aplicarla, radica en los límites o mecanismos de control del poder para condicionar el ejercicio del gobierno.

Un gobierno impasible frente a la injusticia, la anarquía y la corrupción, es campo fértil para la inseguridad y la impunidad, la tierra de nadie.

Para que las políticas públicas se ejecuten, no basta el simple deseo o el decreto, se necesitan conocimientos sustentados en las ciencias sociales y servidores públicos éticos y profesionales comprometidos con la sociedad.

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